Si como base de la dieta están alimentos con gran contenido en agua, como las frutas y las verduras frescas y los hidratos de carbono de liberación lenta (fibra en los cereales, lentejas, judías y verduras frescas) irá progresivamente perdiendo peso. Si además se evitan los hidratos de carbono de liberación rápida (dulces, miel, productos lácteos), todavía mejor.
Los refrescos azucarados, el alcohol, los alimentos preparados y la bollería industrial son auténticas bombas calóricas que conviene evitar si se quiere perder peso.
Divida la ingesta diaria en cinco comidas, con un desayuno consistente, un almuerzo medio y una cena muy ligera, con un tentempié suave (una pieza de fruta o un yogur desnatado) a media mañana y a media tarde.
Olvídese de los fritos, y opte por hacer los alimentos a la plancha y al vapor. Ahorre aceite en la sartén usando un pincel para extenderlo y así conseguir sólo una capa muy, muy fina.
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